viernes, 18 de julio de 2014

Del error se aprende

EL “ERROR”, UN MEDIO PARA ENSEÑAR

El problema de error en el aprendizaje es seguramente tan antiguo como la enseñanza misma. Sin embargo, nos encontramos continuamente con el error en la vida diaria, y el sentido común no deja de repetirnos que sólo dejan de equivocarse los que no hacen nada…En la mayoría de las actividades que practican los jóvenes, desde el deporte a los juegos de ordenador, lo consideran como un desafío, objeto de apasionadas competiciones entre amigos, como una ocasión más de superación. Sin duda porque sienten que aprenden algo más en cada ocasión en que intentan algo en lo que equivocarse.
Los errores como “fallos” del aprendizaje
Según esta representación los errores sólo pueden ser “fallos” de un sistema que no ha funcionado correctamente, fallos que hay que castigar. Y esto se traduce de muchas maneras convergentes. La primera es el “síndrome del rotulador rojo”. En el mismo momento en que se percibe un error, el reflejo casi pavloviano es subrayar, tachar, materializar la falta en el cuaderno o en el control.
La segunda percepción, más íntima y penosa, es que los errores de los alumnos hacen que los profesores duden de sí mismos y que piensen en lo ineficaz de la enseñanza impartida. Algo se ha resistido a nuestras explicaciones y nuestro deseo de explicar, incluso a la “esencia” del poder pedagógico. Por tanto, sienten malestar y despecho cuando los alumnos cometen esos errores, que se habían tratado de evitar por todos los medios.
Una tercera percepción es el vértigo que se siente ante la idea de “sumergirse” en la mente de los alumnos. El saber establecido tiene su aspecto protector: da respuestas, da seguridad. Sin embargo, entrar en la “jungla” de las explicaciones de los alumnos, sacar a la luz todo ese “mineral” resistente, da miedo, miedo a hundirse sin poder salir a flote. Nos preocupa lo que pasaría con la programación, ya que es difícil conjugar la lógica del saber y la lógica de los alumnos.
La doble negación del error Se puede comprender que, frente a una situación tan poco reconfortante, los enseñantes eviten en lo posible cruzarse con el error en su camino. Cuando a pesar de todo (y a su pesar) se lo encuentran, pueden reaccionar siguiendo dos actitudes simétricas:
• • Bien con el castigo, que puede llegar a comprenderse como un reflejo de reafirmación, frente al abismo que se ha descrito.
• • Bien por medio del esfuerzo de replanteamiento de la programación, enmascarando quizá alguna culpabilidad latente.
El error, indicador de procesos
En los modelos constructivistas los errores no se consideran faltas condenables ni fallos de programa lamentables: son síntomas interesantes de los obstáculos con los que se enfrenta el pensamiento de los alumnos. “Vuestros errores me interesan”, parece pensar el profesor, ya que están en el mismo centro del proceso de aprendizaje que se quiere conseguir e indican los progresos conceptuales que deben obtenerse. Laurence Viennot realizó la primera tesis en Francia en didáctica de la Física que trataba del razonamiento espontáneo de los estudiantes de enseñanzas medias y universidad sobre el concepto de fuerza.
El error que enmascara el progreso Aprender es arriesgarse a errar. Cuando la escuela olvida este hecho, el sentido común lo recuerda, diciendo que el único que no se equivoca es el que no hace nada.
Partiendo de la falta como un “fallo” del aprendizaje, la consideramos, en algunos casos, como el testigo de los procesos intelectuales en curso, como la señal de lo que afronta el pensamiento del alumno durante la resolución de un problema. Llega a suceder, si lo miramos desde esta perspectiva, que aquello que denominamos error no  lo sea, y que nos esté ocultando un progreso que se está realizando. Lo saben y lo constatan a veces los profesores de lengua extranjera, cuando los alumnos más aventajados hablan y comenten errores que no habían cometido hasta entonces. Puede que se trate de fallos o de simple cansancio, pero también sucede que sólo son falsas regresiones. Para evitar los errores, los alumnos se hacen fuertes momentáneamente en el uso de la sintaxis que dominan, sin arriesgarse a aventurarse por otros caminos. Y un buen día, de repente, se sienten con fuerzas para intentar utilizar nuevas estructuras. Seguro que ese día, no teniendo integrados del todo las sutilezas y los casos particulares, se equivocarán en la construcción de tal o cual frase. Aun así seguirá siendo una señal de progreso.
Nunca se acaba de comprender. Todo saber auténtico y vivo comporta su halo de bruma y sus zonas oscuras, por lo que deberíamos dedicar aquí un verdadero elogio a la imperfección. Sólo los conocimientos académicos que no sirven y los ejercicios basados en la aplicación repetitiva parecen escapar de esta regla, pero tienen poco que ver con el aprendizaje.

Jean Pierre Astolfi
Díada/SEP Biblioteca
para la actualización del Magisterio
México, 2004, pp. 7 -25

jueves, 3 de julio de 2014

APRENDER A EMPRENDER




Para poder a enseñar, tenemos que estar dispuestos a aprender; justamente el ley motive de nuestro blog es: “intentando aprender a enseñar”. 
Esta debe ser una actitud continua, no solo en etapas formativas, sino a lo largo de toda la vida de un educador, por lo tanto hay que “emprender” el camino. Proponemos algunos elementos que nos ayudarán en este sentido.
Por ello te presentamos el libro “LA CABEZA BIEN PUESTA: BASES PARA UNA REFORMA EDUCATIVA” de Edgar Morín, al que podes acceder en versión digital puesta a disposición por el Gobierno provincial de Mendoza, ingresando en
El autor plantea su preocupación por la necesidad de generar un conocimiento que no esté mutilado ni dividido, capaz de abarcar la complejidad de lo real, respetando lo singular a la vez que lo integra en su conjunto. Para él enseñar, implica crear condiciones en las cuales cada persona reconozca su identidad terrenal, revelando lo humano de la humanidad y su pertenencia a una comunidad de destino, a una tierra, a su patria.
Así debemos reformar el pensamiento para reformar la enseñanza, y reformar la enseñanza para reformar el pensamiento.
“Para reformar el pensamiento Morin propone los principios que permitirían seguir la indicación de Pascal: "Creo que es imposible conocer las partes sin conocer el todo y que es imposible conocer el todo sin conocer particularmente las partes...". Esos principios conducen a superar un conocimiento fragmentario que, al tornar invisibles las alteraciones entre un todo y sus partes, rompe lo complejo y oculta los problemas esenciales; conducen también a superar un conocimiento que, al atender sólo a las globalidades, pierde contacto con lo particular, lo singular y lo concreto. Esos principios conducen a remediar la funesta desunión entre el pensamiento científico, que disocia los conocimientos y no reflexiona sobre el destino humano, y el pensamiento humanista, que ignora los aportes de las ciencias que pueden alimentar sus interrogantes sobre el mundo y la vida. Por eso es necesaria una reforma del pensamiento que desarrolle nuestra aptitud para organizar el conocimiento y permita la vinculación de dos culturas divorciadas. Podrían reaparecer así las grandes finalidades de la enseñanza: crear cabezas bien puestas más que bien llenas, enseñar la condición humana, iniciar en la vida, afrontar la incertidumbre, enseñar a transformarse en ciudadanos.” http://www.casadellibro.com/libro-la-cabeza-bien-puesta-bases-para-una-reforma-educativa/9789506023959/1047673




martes, 24 de junio de 2014

Escuela Inclusiva... en pocas palabras...

EDUCAR PARA LA DIVERSIDAD Y ESCUELA INCLUSIVA

Las aulas no son homogéneas, los alumnos muestran diferencias significativas en sus motivaciones y talentos, en sus antecedentes culturales y sociales. En las últimas décadas, múltiples teorías han abordado la heterogeneidad en el aula, pero ha sido poca la difusión de experiencias concretas y sistemáticas en el día a día escolar.
El libro “Una Introduccion A La Enseñanza Para La Diversidad” de Rebeca Anijovich Rebeca, Celia Sigal y Mirta Malbergier, presenta un exitoso proyecto pedagógico llevado a cabo en escuelas de educación básica y media de la Argentina y de otros países de América Latina a partir de 1996. Esa innovadora experiencia de educación para la diversidad buscaba dar respuesta a las diferentes necesidades de aprendizaje de cada una de los alumnos. ¿Hay una única manera de alcanzar un objetivo? ¿Todos los alumnos deben realizar todas las actividades que indica el docente? ¿Que opciones se pueden brindar a aquellos que requieren más tiempo u otra clase de estímulos para aprender? ¿Cómo educar a los más talentosos? Las autoras ofrecen no sólo los fundamentos teóricos que avalan su práctica sino también ejemplos y herramientas útiles: la heterogeneidad como núcleo del trabajo escolar; las naciones de autonomía, metacognición y aprendizaje cooperativo; el modo de planificar e implementar la enseñanza para la diversidad; la evaluación alternativa; el armado de entornos educativos en los cuales los recursos humanos, físicos y tecnológicos están al servicio del aprendizaje y del desarrollo de la autonomía de los alumnos y la elaboración de centros de aprendizaje para conducir las clases en forma flexible.
Un enfoque de ruptura que apela a la creatividad e iniciativa de los maestros. Un enfoque constructivista de la didáctica que considera el desarrollo de las distintas potencialidades de los alumnos.[1]
A fragmentos del libro señalado se puede acceder a través de
Y sino, importante cantidad de contenido sobre el tema en la Biblioteca virtual sobre Educación inclusiva y atención a la diversidad en el siguiente link



[1] de la Reseña del libro “Una Introduccion A La Enseñanza Para La Diversidad” de Anijovich Rebeca, Sigal Celia, Malbergier Mirta, publicada en http://www.cuspide.com/9789505576180/Una+Introduccion+A+La+Ense%C3%B1anza+Para+La+Divers

lunes, 16 de junio de 2014

NOTAS QUE CARACTERIZAN A UN INSTITUTO DE FORMACIÓN DOCENTE CATOLICO EN CLAVE PASTORAL

NOTAS QUE CARACTERIZAN A UN INSTITUTO DE FORMACIÓN DOCENTE CATOLICO EN CLAVE PASTORAL

    Se presentan las notas que se estima deben identificar a un instituto de formación docente en clave pastoral. Para su mejor análisis las mismas han sido organizadas teniendo en cuenta cinco dimensiones de la institución educativa, considerando a la misma como una unidad donde todas las dimensiones de su quehacer están atravesadas por los valores de su cultura particular: Las dimensiones a las que se hace referencia son las siguientes:

    1- La dimensión pedagógico - didáctica que involucra a todos los procesos que hacen posible el objetivo específico, en relación al enseñar y al aprender. Implica las modalidades de enseñanza, el valor y el espacio otorgado a los saberes, los criterios de evaluación, los resultados, etc., como así también, las teorías de la enseñanza y del aprendizaje que subyacen en toda práctica docente.
    2- La dimensión personal - comunitaria, que está vinculada a los aspectos que sostienen el clima institucional, tales como las relaciones interpersonales entre los miembros de la comunidad educativa, el estilo de convivencia y disciplina, los sistemas de comunicación informal, los valores que conforman la identidad institucional, etc.
    3- La dimensión organizativa - institucional que se refiere a los estilos de organización y de gestión institucional, la conformación y participación en grupos o equipos de trabajo, los proyectos institucionales, los sistemas formales de comunicación, el manejo de los aspectos organizativos, normas, reglamentos, supervisión, acompañamiento y orientación a los docentes, etc.
    4- La dimensión social que alude a las relaciones que la institución entabla con la comunidad en la que se encuentra ubicada, su proyección hacia la misma, la atención en los procesos de enseñanza-aprendizaje y sus características y necesidades específicas. También hace a la relación y proyección hacia el medio social.
    5- La dimensión religiosa que la define como lugar de evangelización, de auténtico apostolado y de acción pastoral, en virtud de su misión dirigida a formar la personalidad cristiana.

Consejo Superior de Educación Católica. Comisión de Formación Docente
 IDENTIDAD Y MISIÓN DE LOS INSTITUTOS CATÓLICOS DE FORMACIÓN DOCENTE. Abril de 2009

IDENTIDAD Y MISIÓN DE LOS INSTITUTOS CATÓLICOS DE FORMACIÓN DOCENTE




A MODO DE PRESENTACIÓN…
      No podemos comenzar esta reflexión sobre la identidad y misión de nuestros Institutos de Formación Docente sin tener la claridad que, ante todo, son Institutos de la Iglesia Católica, por lo tanto, el pertenecer a esta Iglesia es el gran signo de identidad, constituye la verdadera “señal de identidad” de los mismos, la cual no puede estar ausente en el desarrollo de cualquiera de sus actividades. La Iglesia, Pueblo de Dios, Pueblo Sacerdotal, Asamblea Santa, presencia de Cristo en la Historia. La Iglesia Universal que se concretiza en cada Diócesis y que muchas veces suele ser una invitada a participar en ciertos eventos de los Institutos. Por lo tanto, cada vez que conocemos y miramos más a la Iglesia, conocemos su razón de ser, su misión, más entenderemos nuestra identidad, más conoceremos para qué estamos, qué debemos hacer. Esta Iglesia tiene como misión la Evangelización, por eso ahora trataremos de clarificar este concepto de evangelización: está destinada a todo el hombre y a todos los hombres, como nos dicen nuestros Obispos reunidos en la 96ª Asamblea Plenaria del Episcopado Argentino: “Los Obispos de la Argentina, nos dirigimos a todos nuestros hermanos que habitan esta bendita tierra. Les escribimos desde nuestra fe como discípulos misioneros de Jesucristo, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre, porque la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño. La Iglesia sabe, por revelación de Dios y por la experiencia de la fe, que Jesucristo es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza. Son las inquietudes que están arraigadas en el corazón de toda persona y que laten en lo más humano de la cultura de los pueblos. Por eso, todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por Dios.2 La misión primaria de la Iglesia es anunciar el Evangelio de manera tal que garantice la relación entre fe y vida tanto en la persona individual como en el contexto sociocultural en que las personas viven, actúan y se relacionan entre sí. Evangelización significa, llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad. No se trata solamente de predicar el Evangelio en zonas geográficas cada vez más vastas o en poblaciones cada vez más numerosas, sino de alcanzar y como trastocar mediante la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida la humanidad que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación” ( Conferencia Episcopal Argentina, Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad, nº 1).
    Ahora, ¿cómo relacionamos la evangelización con la educación? La Iglesia ve a la educación verdadera como evangelizadora. Vemos que el interés y la dedicación de la Iglesia por la educación viene desde sus comienzos: “la Iglesia realizó desde sus comienzos, esfuerzos múltiples y generalizados por promover la educación humana y cristiana entre toda la gente, consciente de que debía atender la vida integral del hombre, incluso la material.”( Equipo Episcopal de Educación Católica, Educación y Proyecto de Vida, nº 142) Pero, ¿qué lugar ocupa la tarea educativa en la Iglesia?: “la Iglesia ve al apostolado educativo como tarea cultural de transmisión y creatividad desde la visión del Evangelio. Por lo tanto la educación, actividad humana del orden de la cultura, es encarada por la Iglesia como educación evangelizadora”. (Equipo Episcopal de Educación Católica, Educación y Proyecto de Vida, nº 142)
Ahora bien, la Evangelización es la razón de ser de la Iglesia, esta existe para evangelizar, tiene un contenido esencial y otro integral. El esencial implica anunciar la Buena Nueva de que hemos sido salvados en Jesucristo, el Hijo de Dios, el Verbo hecho carne, y si nosotros nos entregamos a Él por la fe seremos salvos. El contenido integral implica anunciar esa salvación a todo el hombre y a todos los hombres en sus distintas realidades, por eso nos dicen los Obispos Argentinos: “…parte integrante de la misión evangelizadora de la Iglesia es educar al hombre; cuando la Iglesia evangeliza y logra la conversión del hombre, también lo educa, pues la salvación (don divino y gratuito) lejos de deshumanizar al hombre lo perfecciona y ennoblece; lo hace crecer en humanidad. La evangelización es, en este sentido, educación. Sin embargo, la educación en cuanto tal no pertenece al contenido esencial de la evangelización sino más bien as u contenido integral. Puesto que para educar no ha de perderse de vista la situación concreta e histórica del hombre, la Iglesia educadora debe tender a la síntesis entre fe y cultura, o sea, propiciar los valores que constituyen el núcleo de la cultura asumidos y realzados desde la fe de una manera profunda, sólida y duradera. (Educación y Proyecto de vida nº 145).
    Por eso podemos ahora preguntarnos: ¿cómo se evangeliza a través de la educación, a través de estos Institutos incorporados a la educación sistemática? Porque si no evangelizamos a través de ellos, estamos renunciando a nuestra identidad y misión. Para adentrarnos un poco más nos centraremos en dos documentos importantes como “Educación y Proyecto de Vida” y “Aparecida”.
    Citamos: Educación y Proyecto de Vida: “La escuela católica, por fidelidad a la misión recibida de Cristo en la Iglesia, debe asumir una clara identificación evangelizadora, es decir, la dedicación a una definida acción pastoral-educativa cuyo fundamento es el Señor. El cumplimiento de esta misión exige, de parte de la escuela católica, una incesante predisposición a mejorar tanto la calidad pedagógica como la profundidad del testimonio evangelizador. El resultado será la síntesis entre fe y cultura, entre fe y vida”: (Equipo Episcopal de Educación Católica, Educación y Proyecto de Vida, nº 157)
 (Pbro. Lic. Augusto Jorge Baracchini)
Abril de 2009
 Consejo Superior de Educación Católica. Comisión de Formación Docente






lunes, 28 de abril de 2014

¿POR QUÉ SEÑALADORES?

¿POR QUÉ SEÑALADORES?
El señalador, es un objeto indispensable para leer; y la lectura es indispensable para aprender.
A su vez, debemos “enseñar”, pues el docente “enseña”, señala, muestra, indica…¿qué nos indica, o señala? El camino, la meta.
En el camino, son importantes las señales. Ellas nos ayudan a encontrar “nuestro camino”, a ubicarnos, a saber a dónde estamos, o a dónde estamos yendo;  también “señal” que dejamos por dónde pasamos, para dejar ubicable un lugar al que por algún motivo quisiéramos regresar.
Según el diccionario de la Real Academia Española[1] señalar, en una de sus acepciones es “distinguirse” o singularizarse, especialmente en  materia de reputación, crédito y honra.
Según el diccionario etimológico Corominas[2], “seña” del latín signa, plural Signum: señal, marca, insignia, bandera…; elementos estos que nos identifican, que nos hacen más iguales a nosotros mismos, no a los demás. Nos dan identidad: YO, lo que soy, lo que quiero ser.
Así también en la vida necesitamos de señaladores, referencias que nos ayuden en nuestro caminar de cada día, como seres humanos, como cristianos, como personas de fe. Del  mismo modo, es como nosotros vamos a ir transformándonos en señaladores para los otros, en referencias para la vida misma.




[1] www.rae.es
[2] BREVE DICCIONARIO ETIMOLOGICO DE LA LENGUA CASTELLANA, Joan Corominas, Ed. Gredos, 3ª. Ed., 1973.

domingo, 30 de marzo de 2014

EL APOYO RESISTENTE

La metáfora “como la hiedra” que Jaim Etcheverry utiliza es muy representativa de lo que considero un pilar imprescindible en el que se debe fundar cualquier intento pedagógico que se precie de tal.
La resumo con las palabras “apoyo resistente”, ya que como la hiedra, para no crecer anárquicamente y terminar reptando a ras del suelo, necesita de una pared, que le brinde apoyo, el que a su vez es resistencia. Al ser resistencia, no es complaciente, pero evita el “deformarse” hasta lo “monstruoso”.
Del mismo modo que un bastón, para poder apoyarnos en el, debe ejercernos resistencia.
Este rol de “apoyo resistente” del educador, es tanto para el docente, como para la familia (o de lo que ella tenga el alumno).
Están a la vista, situaciones que podríamos llamar “monstruosas” en el mundo educativo de hoy, como los siguientes escenarios vandálicos: edificios escolares brutalmente destruidos por los propios alumnos; docentes amenazados, agredidos, alumnos armados, etc., etc. Panoramas inimaginables hace no muchos años.
No hay dudas, que está situación no solo es responsabilidad de la familia y del sistema educativo, sino de la sociedad toda, aunque aquí nos centraremos en los dos primeros.
Digo los dos primeros, pues si bien estamos estudiando a la Pedagogía como ciencia de la Educación, la familia tiene un rol y una responsabilidad importantísima en la problemática que tratamos.
Vale referirse aquí a la cuestión de lo que se denomina Adultescencia, que es esa situación en la que se encuentran muchos adultos (que no maduraron y se quedaron en la adolescencia) que suelen estar relacionados con adolescentes (que también padecen de este síndrome), que en muchos casos asumen roles de mayores que no les corresponden a su edad y a sus responsabilidades propias.
Es notable como se ve a personas adultas, no solo con vestimentas de adolescentes, sino también con conductas propias de ellos, como ir a bailar en idénticas situaciones que sus hijos o con relaciones de parejas inestables, más propias de un adolescente que de un adulto formado y maduro. A contrapelo con ello, niños vestidos como adultos o padres e hijos, que parecen más amigos, que familia.
No hay dudas que la vestimenta en si, no es sustancial, pero muchas veces es signo o muestra de “vínculos familiares simétricos”. La simetría la definimos como “correspondencia exacta en forma, tamaño y posición, de las partes de un todo”. En este contexto el adolescente da cátedra, lo sabe todo y si no lo sabe se siente tan igual y con los mismos derechos y saberes (y también por que no problemas) que el adulto, por lo que nada necesita de él. No le prestará atención, porque nada le dará.
Como ya lo tiene todo “ya no quiere ser grande, ya no necesita ser grande”. Se perdió ese deseo de “ser grande”, de crecer, de aprender en definitiva. Ése era el norte, la motivación, que llevaba a que quisiera educarse y por lo tanto valía la pena el esforzarse y el realizar todo lo que fuera necesario para tal fin.
Pero, la realidad es que ese adolescente, carece de la maduración afectiva indispensable para seguir adelante en ese proceso inevitable que es el crecimiento. Esto lo lleva a la apatía o a una autoexigencia excesiva, que termina traduciéndose en dificultades para sostener compromisos, falta de responsabilidad, que muchas veces concluyen en trastornos de la personalidad. Justamente todo lo contrario hacia donde debe tender la educación: que es que la persona se acerque a la perfección y no que se le trastorne la personalidad.
No hay dudas que este análisis lo debemos realizar en un mundo vertiginoso en exceso, pero aunque no nos guste, ése es el escenario. Escenario que es un continuo devenir, que muy bien graficaba Heáclito hace más de veinte siglos.
Este tema lo aborda Pedro Luís Barcia, en su trabajo “Educación y cambio”, en un interesante análisis, donde plantea que el educador debe actuar “en un” contexto cambiante “para un” contexto cambiante. Es absolutamente válido que “en medio del cambio nos esforcemos por lograr cierta estabilidad, ciertas permanencias” para “consolidar lo fundamental y flexibilizar al máximo la capacidad de aceptación al cambio”, pero creo que es importante no terminar siendo arrastrado, fuera de control, por la vertiginosidad de un mundo, que es como un río descontrolado, fuera de cauce.
Para este autor los contenidos, son menos relevantes que el desarrollo que debe lograr de sus potencias y capacidades el alumno, aunque reconoce que será “a partir de ellos, y por medio de ellos” (de los contenidos) que transcurre “el proceso educativo”.
Por lo tanto habrá que tender hacia un “circulo virtuoso”, que dejará de ser círculo si se le sacan algunas de sus partes; ya sean los contenidos, ya sea el desarrollo de sus potencias. Teniendo en cuenta algunos indicadores de la realidad actual, creo que se han menospreciado los contenidos y habría que volver a insistir en ellos, no por el contenido en si, sino como herramienta indispensable del hecho educativo.
Los jóvenes deben desarrollar sus capacidades, pero resulta inconcebible, que un egresado de nivel medio, no sepa leer en voz alta, o no tenga la menor capacidad de comprensión o de síntesis de un texto y mucho menos de redactar (me refiero a las “redacciones” que hacíamos en la escuela primaria), e incluso a veces desconocer las operaciones básicas de las matemáticas.
Por ello que me resulta atinado transcribir lo siguiente, donde paradójicamente se nos dice que la dificultad facilita y utiliza palabras que pareciera que fueron excluidas del léxico actual, por autoritarias.
La progresividad en la dificultad facilita que el aprendizaje se apoye en los conocimientos previos y en las respuestas a los nuevos interrogantes. Junto a ello, el respeto a los ritmos de aprendizaje, y el análisis de elaboración de la respuesta son referencias constantes. Apostamos por la rigurosidad en el trabajo del alumno frente a la pasividad e incluso holgazanería tolerada por el sistema.[1]
Me viene a la mente, que en la academia de Platón, se enseñaban en primer término disciplinas básicas como matemáticas, astronomía, dialéctica, en una especie de propedéutico, que era obligatorio para quien iba en busca de esas verdades fundamentales y elevadas que ofrecía la Filosofía.
 Tenemos que volver a hablar de hábitos, virtudes, valores, pero no sólo mediante conceptos vacíos, sino sobretodas las cosas predicando con en el ejemplo.
Ejemplo de abnegación y de trabajo, de un docente al que el alumno “creerá”. Este creer, será sinónimo de recuperación de confianza en primer lugar; y a partir de allí “creerá” que vale la pena trabajar y esforzarse, porque también va a “creer” en si mismo.
Recién aquí el docente podrá llevar adelante de manera fecunda, una tarea de verdadera orientación educativa.
La misma, se planteará como una relación de ayuda, que deberá contar con la cooperación de ambas partes, basada en el respeto y la confianza  mutuas (recordemos lo que decíamos sobre el creer) y que deberá ser concebida como un proceso continuo, no limitado solamente a momentos de crisis o circunstancias especiales.
Así, esta orientación tendrá la tarea propia de “optimización de la enseñanza”, previniendo conflictos o problemas de aprendizaje y el probable fracaso escolar; y por último, la función “remedial o correctiva”, que tendrá como finalidad ayudar a los alumnos con dificultades en los estudios o en la adaptación de la vida escolar.
En este clima, el docente podrá dar al alumno las herramientas necesarias, para evitar la manipulación y para adquirir una correcta escala de valores.
El alumno reconocerá la manipulación como tal y lo negativo de los disvalores que le presente la sociedad.
Pero alguno de esos valores, que surgen de la ejemplaridad del docente, los va a palpar, los va a reconocer, los va a aprehender, en forma directa. Luego de esto, podrá sí recibirlos en forma o dentro de los “contenidos” curriculares, pero surgirán de un docente que le hable con una convicción profunda, con vocación, creyendo verdaderamente en lo que hace y en lo que dice.
Entonces, la coherencia tomará una relevancia superlativa. Resulta más que ilustrativo, al decir de Guardini, que el Educador primero educa por lo que es, luego por lo que hace y por último por lo que dice.
Así el educar en valores terminará “facilitándonos las cosas”, ya que no será difícil “inculcar” valores, pues por definición “llamamos valor a aquellos aspectos de la realidad que son capaces de DESPERTAR el INTERÉS VITAL DE UNA PERSONA, ya sea para satisfacer alguna de sus necesidades o para estimularlo a su perfeccionamiento.[2]
Los valores despertarán el interés del alumno (que se traducirá en algo tan simple y básico como “su atención” en la clase, esa regla de oro que resultaba indispensable para que la “Señorita” iniciara su faena) y ya no estará el docente luchando “contra la resistencia” del alumno, sino con su fuerza, con su energía, con sus ganas de crecer (como en el judo).
Paradójicamente, vemos que a lo largo de este trabajo, nombramos muchas palabras a las que el mundo moderno “se resiste”; como esfuerzo, tareas no complacientes, dificultad, rigurosidad en el trabajo, hábitos, virtudes, abnegación, etc. O como lo grafica muy bien Jaim Etcheverry en su trabajo: “como la pared, apoyar ejerciendo una resistencia incómoda, antipática, poco agradable.
Concluyo diciendo, que tenemos que cambiar el paradigma y ser nosotros los que “resistamos” ante este mundo vertiginoso, con el apoyo resistente que toda hiedra necesita para elevarse, “en lugar de reptar a ras del suelo” y “desformarse hasta lo monstruoso”.
Y si por el camino viene la topadora, no nos subiremos a ella, ni nos dejaremos aplastar. Iremos por otro, que quizás no esté, pero que lo haremos nosotros al andar.


Hermano Francisco Berola
Religioso Camilo



[2] Leocata.. “Los Valores”.